Tony Gómez

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Tony Gómez

La Gloria lo sorprendió.

No es fácil encontrar palabras para expresar lo que fluye desde lo profundo del corazón.

El Arachán llega a la capital y arranca en formativas de Nacional, luego pasa a préstamo a River Plate  local a mediados de los 80’. Volvió, alternó en alguna formación principal en el 88, pero al Tony lo tocó la varita mágica el 11 de diciembre del inolvidable año. Estando el plantel en Tokio, la reconocida marca “Puma” viste y calza a Nacional para la final intercontinental ante el PSV de Holanda. Carlos Soca, lateral izquierdo con los “papos” nuevos tiene inconvenientes y no puede ser de la partida. Esa baja hizo que Tony Gómez fuera titular.

Tras infartarte partido, -2 a 2 y alargue-, vamos a los penales, Nacional y el iluminado PSV de Holanda. Parecía que lo perdíamos, parecíamos que lo ganábamos, el anteúltimo penal lo remató el “Chango”, si lo convertía éramos campeones del mundo… ¡pegó en el travesaño! A nuestro Jorge Seré le dolían las manos de contener tantos penales, pero había tiempo para uno más… el muchacho de la noche soñada es el encargado, de apellido común, nombre corto y de coraje inmenso… once pasos lo distanciaban de quedar en el umbral, once pasos unían a cada hincha tricolor a lo largo y ancho del planeta. Allá estaba el de las formativas en el Estadio Nacional de  Tokio, lejos pero cerca, acomodó la pelota, esperó el pitazo y con total frialdad, calidad y temple la colocó arriba, locura total, Nacional es campeón del mundo!!

 Nada hubiera sido igual si ese penal ejecutado terminaba en los guantes del golero, en un poste o en la tribuna, no señor! Quedaba una bala y no se podía fallar, el Tony no falló, que Romario, que Koemann… nooooo, Nacional PAPÁ!!

 Que le puedo decir para atrás o para delante de la trayectoria del Tony que agrande o achique lo que hizo, nada, si la gloria lo invitó a quedarse para siempre.

 Son esos tipos que si uno encuentra en la calle no le dice, como le pegabas, como te sacabas rivales de encima, como cabeceabas… no, son esos muchachos que uno le daría un fuerte abrazo por varios segundos y si brota alguna palabra -lo dudo- en la emoción, solo decirle Gracias Tony, gracias hermano!!

 Pucha, escribir emocionado no es tarea sencilla.

Raul Ruppel «Escribe el corazón»

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