

Por Enrique Singlet.
Noviembre fresco del 2014, el verano ya asomaba y otra vez nos convocaba la máxima fiesta de nuestro fútbol. Los albos y su tradicional rival se verían de nuevo las caras.
El último antecedente era duro para el equipo de los Céspedes, una mala tarde hizo peligrar aquella épica hazaña del 6 a 0, finalmente el récord había quedado en pie pero el dolor era grande y la sed de revancha de todo el pueblo tricolor se palpaba en el ambiente.
Arranco el partido en un trámite parejo y así se fue el primer tiempo. Apenas unos instantes de empezada la segunda parte, un rival que ingresa al área, es derribado y desde el punto penal se ponen en ganancia.
Otra vez a remarla de atrás! El rival mueve sus fichas saca a su ídolo que festeja un triunfo anticipado, por un jugador de pocos recursos técnicos lo que demuestra su intención de cerrar el partido. Los nuestros son puro tesón y coraje pero no aparece el fútbol.
Alvarito nuestro técnico decide jugarse al todo o nada y manda tres cambios juntos, está claro es cara o cruz y hacia el campo enfilan Papelito Fernández, Taborda y el Chino Recoba!
Nacional ataca, muerde, empuja, pero el partido se va y los estoicos hinchas tricolores locales ese día, e inmensamente mayoría en el coloso del cemento, no paran de alentar. Cada vez cantan más fuerte, pero el partido se nos va! Las esperanzas se esfuman pero el coraje se redobla, no queda nada, ya llegamos a los 90 y el juez adiciona 4 minutos!
El rival sigue haciendo cambios defensivos, ingresa Darío Rodríguez por Jonathan la nueva promesa del tradicional rival y se nos acerca el final. A los 91 la gloriosa camiseta blanca es más entrega que técnica y en base a eso logra tener un córner a favor! Y allá van todos, nuestro golero incluido, el Mama que gana y de repente aparece ese pequeño gigante a quien le dicen Papelito y la paz nos vuelve al cuerpo, no era lo que habíamos ido a buscar y necesitábamos para el campeonato pero se había empatado en los descuentos, ya no era poco.
No nos habíamos sentado aún del grito del empate, cuando el equipo de Abdón ataca de nuevo, sin dar tregua al rival. Una pelota área, Taborda que salta a cabecear y Valdez que comete falta. La distancia al arco es grande, pero empiezan las miradas cómplices de todos los tricolores, que se centran en un solo futbolista EL CHINO! Se siente un murmullo, hay una química especial, es la sensación de que algo va a pasar.
Y él mientras tanto parece estar ajeno a la situación, como un pibe de barrio al que le toca patear un tiro libre en un partido entre escolares, sin mayor drama va y la acomoda, la ejecución se demora y él sigue allí parado, como un sabio que sabe la lección que va a dar! Y empieza su corta carrera al balón y todos nos empezamos a ilusionar, cuando esa zurda mágica toca la pelota, no paramos de mirar y no puede haber otro final, la estéril tirada de Migliore le da más emoción al desenlace final que ya es inevitable!
Increíble minuto 94 del tiempo adicional y ese hombre lo logro, su diabólica y endemoniada zurda otra vez lo hizo! Solo atina a levantar el brazo izquierdo y corre con su rostro totalmente compungido de emoción a abrazarse con sus compañeros, es el día soñado, el que siempre deseo, el que quedará por siempre en la retina de todos los hinchas tricolores! La venganza estaba consumada, de la mano de uno de sus hijos pródigos EL CHINO tantas veces criticado por el rival daba una muestra de talento, sencillez y picardía, dejando un recuerdo épico para la mejor historia del club! Partido remontado íntegramente en los descuentos!

Pasa el tiempo y le busco a una explicación lógica de lo que paso ese día, los rivales de siempre aún hoy siguen sin entenderlo, pero desde el alma aflora una explicación! Ese día Recoba no jugó, era DIOS disfrazado de EL CHINO que para nosotros entro!