

Ya contada en varias oportunidades, pero en este caso la dejo plasmada con alguna fotografía actual de ese lindo y atrapante lugar.
Mi relación de amor para el Club Nacional de Football comienza con recuerdos nítidos a la edad de 6 años, corría entonces el año 1980.
El lugar es El Ombú, una Colonia de inmigrantes alemanes que llegan a nuestro país finalizando la década de los cuarenta.


Nací el 12 de febrero de 1974, mis padres vivían en la entrada misma de la Colonia, ubicada en el kilometro 284 de la Ruta 3 General Artigas, a unos 26 km distantes de la ciudad de Young.

Poco tiempo después, pasamos a vivir en el corazón de la misma comunidad, a papá le ofrecen ser chofer del camión que recolectaba leche de los tambos para trasladar a la ciudad de Young para la empresa láctea CLALDY fundada en el año 1966 – pero las actividades arrancan por el año 1962 -industria fundada por las dos Colonias alemanas que se encuentran en el departamento de Río Negro, El Ombú y Colonia Gartental, esta se ubica por la Ruta Nº 24.


Mi madre, Catalina Franco nació el 17 de noviembre de 1942 y ella siendo niña ya vivía en esa enorme estancia denominada el El Ombú, que abarcaba miles de hectáreas a la redonda, sus padres trabajaban allí y ella ve llegar a los inmigrantes alemanes allá por 1948 que ocuparían parte de la tierra y trabajarían de diferentes maneras, con emocionante dedicación y ganas de superarse.

Volviendo al punto que quiero contar, en frente a mi casa – humilde – pero llena de afecto , se encontraba un árbol, lógicamente entre tantos , que en la base tenía la forma de un asiento, allí esperaba a mi padre que regresaba en el camión desde Young y tenía una visual casi total de todos los movimientos, ya que se encontraba a metros del centro , que contaba con un Ombú grande, dos surtidores, 1 oficina y el almacén, atendido por Pedrito Reimer, que dos por tres metía mano en la caramelera y los colocaba en mi pequeña mano a un surtido de caramelos, me los regalaba.

El Hospital no puede faltar, tampoco la cancha de fútbol y el embarcadero, de ganado por un lado y de cerdos por otro.
La Carnicería era lugar de encuentros de cada miércoles, alrededor se montaba una especie de feria con venta de huevos, sumado a que se abría la puerta antigua de una biblioteca con libros en alemán, aún percibo ese olor a papel.
Eso, los miércoles y sábado eran el momento más movido de la congregación, era hermoso aquello!
Una de esos días, de los tranquilos, entre algún viejo tractor que pasa con más ruido que velocidad, llega mi amado padre con un diario en dónde se encontraba una foto de Julio César Morales a todo color, el popular Cascarilla, hubo un antes y un después.
Esa foto fue el comienzo de algo formidable que perduró en el tiempo, además de mi primer recuerdo, despierta un amor a la causa sin demasiada explicación, teniendo en cuenta que don Ruppel le gustaba el fútbol si, pero lejos de ser pasional y mi madre, le tiraban otros colores.
A pesar de mis 6 años, comienzo a recolectar absolutamente todo relacionado a Nacional principalmente, también del fútbol uruguayo y de otros países en el correr de los años se van sumando.
El Gerente de la allí – don Gerard Dyck compraba el diario todos los días (lo traía mi padre desde Young, parada obligatoria en Quiosco El Grillo) y se dejaba en el escritorio junto a otros sobres y documentos.
Aquel alemán, peinado para atrás, voz gruesa y abundante personalidad, le costaba hablar español, vivía a metros de casa, inocentemente le pedí si me podía guardar la última hoja que es la que contenía el fútbol, un “si” alcanzó para siempre.
Su señora, diariamente y con mucha paciencia, cortaba la parte deportiva y las colocaba cerca de la puerta, en un mueble de madera oscuro, entonces cada viernes quién escribe golpeaba la puerta verde con alambrilla y ella, casi sin mediar palabras, pero siempre dispuesta, me entregaba aquel montón de hojas, que lo tenía preparado, era cuestión de segundos la entrega, allí volvía a toda velocidad a casa, esperaba la tijera, cortaba y pegaba en los cuadernos con el recordado engrudo, mezcla de harina y agua.
Si había que marcar aún más aquel vínculo con amor, el 11 de febrero de 1981, Nacional se corona Campeón del Mundo con gol de Victorino, a la mañana siguiente, 12 de febrero, abro los ojos, era mi cumpleaños, una caja al costado de la cama, abro, adentro contenía lo más hermoso que recibí, el equipo de Nacional!!! camiseta, short y medias.

También mi viejo me compraba dentro de las posibilidades y en caso especiales, el diario de la noche, léase Ultimas Noticias y Mundocolor, que los días lunes traía los posters satinados.

Ruppel trabaja aparte de venir dos veces a Young diariamente, de mañana y de tardecita, en un galpón limpiaba semillas y fabricaba caños para la caminería, no se como hacía, pero se las arreglaba para llevarme en algún momento a lo de Fast, que tenía una especie de carpintería, allí buscábamos alguna maderita fina para bordear la espuma plast , donde se pegaba el póster.

Así fueron pasando los días, los meses y los años, uno nunca se imagina al ser niño, que las etapas pasan.
Ya no vivo en aquel lugar, mi viejo falleció justamente ahí de un fulminante ataque al corazón, pero quedaron recuerdos hermosos, quedó el amor por Nacional y esa constante e interminable lucha de acopiar, guardar, respetar y dar a conocer cada recorte, revista, fotos, se suman camisetas, libros …lo que se termina formando el museo propio.
También publicaciones partidarias y del fútbol del interior, recientemente lanzado los Tomos del libro La Albirroja.
Hoy con la posibilidad de cubrir en cancha misma al querido tricolor, pero créame amigo, “Escribe el corazón” nació a la sombra de ese árbol.
Pero todo comenzó en aquel lugar maravilloso, que, a pesar de no estar viviendo allí, si está en el mejor de los recuerdos.

Lindo sol para poner a cargar las pilas “Eveready”, de noche hay liguilla y la radio no falta, voy rumbo al tajamar a pescar algo…
Este 26 de diciembre de 2021, más de cuatro décadas pasaron, volví al árbol, pero no solo, llevé una foto satinada, hoy descolorida, que mi padre Cristhian Eduardo, me trajo un agosto del 80, Nacional Campeón de América.

Colonia El Ombú, mi casa, me cargó las pilas, como siempre.
