Ernesto Vargas nos aprendió a querer.

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Ernesto Vargas nos aprendió a querer.

Ernesto Vargas nos aprendió a querer.

Extracto del artículo que apareció el domingo 15 de setiembre de 2019 en El País, trabajo de Silvia Pérez y demuestra el amor y respeto que tiene Pinocho para con Nacional a pesar de jugar 13 años en el tradicional rival.

Hizo las divisiones formativas de Peñarol. Fue tres veces campeón uruguayo con los aurinegros. Y ganó la Libertadores y la Intercontinental en 1982. Seis años después, cuando pensaba que por las lesiones de rodilla no iba a poder volver a jugar, logró lo mismo en 1988 con Nacional.

Vive en Palma de Mallorca donde llegó un día hace 13 años para visitar una cuñada y se quedó para siempre.

Rodilla. Tuve dos buenos momentos en mi carrera. El primero en Peñarol, antes de romperme la rodilla. Porque después viví tres años terribles esperando recuperarme y me decían que no iba a poder jugar más. Pero antes tocaba el cielo con las manos. Estaba en la selección uruguaya y un cuadro grande. Pero me lesioné justo. Y vinieron todos los problemas, hasta mi matrimonio quedó mal. Tenía 22 años y se suponía que no iba a jugar más. No sabía que iba a ser de mi vida.

Peñarol me había dado a préstamo a Quilmes. Estuve seis meses y quería que me quedara un año más, pero Peñarol quería plata. Me hicieron volver y no jugué. Estuve seis meses parado hasta que me dejaron libre. Y vino Nacional, añadió el doble campeón del mundo.

 Hoy me identifico más con Nacional a pesar de haber jugado 13 años en Peñarol. Los dos equipos fueron muy importantes para mí, pero Nacional me volvió a la vida. Y lo voy a agradecer siempre.

Los títulos se valoran todos. El de la Copa de Oro, el de los juveniles en Cannes, los de Peñarol, pero el más impresionante fue el de Nacional porque volví a vivir.

Vive en Palma de Mallorca donde llegó un día hace 13 años para visitar una cuñada y se quedó para siempre.

Esto es un paraíso en todo. Sólo volvería a Uruguay para dirigir a Nacional.

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