Estrellas que no alumbraron… MIGUEL BRINDISI

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Estrellas que no alumbraron… MIGUEL BRINDISI

Imposible no recordar aquel año 1983 cuando se armó el Nacional de la estrellas, entre otros nombres llegaron Juan Ferrari, Carlos Berrueta, Carlos Aguilera, Antonio Alzamendi, Miguel Brindisi…

Hoy nos vamos a ocupar de este último, el talentoso jugador argentino que realmente fracasó.

Fuimos al libro “Entre el cielo y el infierno” que escribió el Presidente de Nacional por entonces, Rodolfo Sienra Roosen.

 Pero primero vamos a hablar del argentino. Norberto “Poroto” Salvo, es un contratista de años vinculado, al futbol rioplatense, que ha hecho muchos negocios con Nacional de transferencias de jugadores.

Locuaz, dicharachero, es un intermediario que plantea las cosas con claridad y se ha ganado su prestigio. Sabiendo que Nacional quería renovar sus planteles, se apareció un día en la Sede, exhibiendo poderes para negociar todo el equipo de Boca Juniors. Allí estaba además de Brindisi, Ariel Krasouski.

Tuvimos que descartar a Krasouski. Boca pedía U$S 180.000 por el pase y la tercera parte en la mano.

No así a Brindisi que estaba en Mar del Plata por lo que Alfredo accedió a quedar un día más para hablar con él. Pareció que podía llegar a un acuerdo.

En el ínterin surgió la posibilidad de Carrasco. Había vuelto de México, donde no le había ido muy bien. Al parecer tuvo diferencias económicas y manifestaba el deseo de jugar en Nacional. No por jugar gratis como lo dio a entender por ahí. Pedía como el mejor, una prima en dólares y el sueldo más alto del plantel.

Aquella votación (Carrasco-Brindisi) que fue por 6 a 5 por Brindisi, la publicó “El Diario”, al día siguiente, con pelos y señales. Ello generó un rompimiento entre Falco y Sanguinetti que había integrado la fórmula presidencial de la lista 8.

Brindisi vivía preocupado por problemas particulares y tenía privilegios en la concentración como el poder de recibir familiares. Se lo hicimos notar al técnico, porque no nos parecía bien. La concentración es concentración y nada más.

Brindisi era evidente que tenía problemas extrafútbol y lo sabíamos de antemano. El creyó y no lo digo que lo hizo de mala fe, porque no vino a “robar la plata”, que cambiar el ambiente no lo ayudaría. Quizás no detectó que Montevideo estaba muy cerca de Buenos Aires. Hicimos lo que pudimos. Un día lo invitamos con César Aroztegui a cenar en casa junto con su señora. Hablamos a fondo, nos explicó lo que pasaba, nos dijo que era el principio y que era optimista en mejorar la situación. En la primer semana que asumió Esparrago, estando concentrado en Los Céspedes, le pidió permiso para abandonar la concentración porque no se sentía anímicamente bien. Esparrago se lo dio, y me llamó enseguida. Todo repercutía en mí. Era un sábado de tarde y le pedí que viniera por casa.

Y allí, en un dialogo muy franco y cordial, le manifesté que su situación no podía seguir, y sin ningún trato diferencial, o se integraba al ritmo de trabajo, el mismo que sus compañeros, y sin ningún trato diferencial, de recibir gente en la concentración o irse para su casa o le ofrecía la recisión del contrato.

Le pedí que lo pensara y que me diera la respuesta. Optó por irse, devolvió la documentación sobre la prima que le había quedado pendiente y gestionó que parte de la deuda no se cobrase.

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