

Qué rápido pasa el tiempo! la mañana del miércoles 25 de agosto de 1993 cuando el poderoso Real Madrid con sus rutilantes figuras enfrentó a Nacional en el estadio Centenario. Cotejo internacional, emotivo y vibrante con empate 2 a 2; la visita se llevó la copa en disputa. Dos clubes llenos de gloria.
Lo de Nacional fue meritorio; cumplió, poco fútbol pero muchas ganas. Vale aclarar que no era el Nacional del 92 ya no estaban figuras de la talla del Hugo De León, el Panameño Julio César Dely Valdés entre otros; este equipo era más limitado, aún así paró la máquina “merengue”. El primer gol fue de la visita. El empate por parte de los tricolores llegó por la prometedora figura Antonio Minguta; jugador artíguense, nunca cristalizó su promesa y quedó en su foja personal aquel soñado momento. Nuevamente el Real se puso en ventaja, Nacional pasó a perder 2 a 1. En los minutos finales, el Misionero Antonio Vidal González –de gran partido- empató. El Misionero, fiel a su estilo de siempre, mantuvo, durante todo el partido, fuertes diálogos con el juez (Julio Matto) y los jugadores rivales.


Esto escribía el periodista de El País en apartado
-Hablando de arbitraje, entendemos que Julio Matto se equivocó en la forma en que encaró su trato con el polémico Vidal González. Evidentemente, al argentino ya le tomaron los puntos los jueces y es así que no le cobran Los fouls o los penales, cuando son o cuando no son. Matto fue tolerante con él y cuando le sacó amarilla hacía rato que había hecho “méritos” para ganársela. Después le perdonó la vida-en complicidad con el línea Velázquez-cuando el misionero le pegó una piña cortita de zurda en el estómago a su marcador. Pero eso no quita que no le hayan cobrado dos penales que le hicieron. Tal vez quepa atribuir esa actitud del excelente árbitro compatriota a su afán de terminar el espectáculo con los 22 en la cancha, porque estamos seguros que en un encuentro normal, de campeonato local, Vidal González no hubiera llegado a los 90 minutos.

Recuerdo haber escuchado atentamente las instancias del encuentro. ¡Qué lindo debe de haber sido para los que fueron esa tarde al coloso de cemento!