

Escribe el corazón con Sergio Olivera.
Lo admiré desde su aparición en la primera división de Nacional y con el paso de los años esa admiración creció al conocerlo como persona.
El sábado el clima estaba amenazante, aprovechando el viaje a Salto con las selecciones juveniles de Young, coordiné para poder saludarlo y agradecerle, una vez más, todo lo que nos brindó con la camiseta de Nacional.
Pasado el mediodía ingresó con su moto roja a un terreno que conoce muy bien, la cancha de Ferrocarril, en donde actualmente trabaja y enseña a los más chicos.
Lógicamente la charla se centró en Nacional, pero tocamos muchos temas que apasionan relacionado al fútbol.
Sergio Olivera, recordado como el Pitufo, puntero izquierdo de gran habilidad que fue llamado a actuar en primera tras un partido recordado, el día de la agresión de Luis Cubilla al juez en match ante Wanderers.
Luego vienen 4 goles clásicos, los más recordados fueron la palomita del 86 y aquel golazo en el 87, tras enganchar y hacer seguir de largo al zaguero aurinegro, la metió en el segundo palo.
El año 1988 fue soñado para Nacional y especial para Sergio Olivera, tras el regreso a las Copas internacionales, el salteño fue goleador de la Super Copa junto a Antonio Alzamendi, en su mejor momento una dura lesión le hace perder la titularidad.
Vuelve y está en el plantel Campeón de América y del Mundo, además es titular cuando Nacional conquista la Recopa sudamericana ante Racing de Avellaneda en el mes de febrero de 1989.
Su último gol internacional se lo anota a Danubio por la Copa Libertadores de 1989, gol que no alcanzó, ya que la franja triunfa y se mete entre los 4 mejores de América.
Con este cargado curriculum presento a este muchacho, que pasó desapercibido, charlamos un rato, dejando en cada frase una enseñanza enorme, demostrando humildad formidable, intentando abrirse camino en un fútbol salteño, pero aquello que nadie es profeta en su tierra, es verdad.
Quiero aclarar, sobre todo para hinchas más jóvenes, que el Pitufo anda en su moto, no por ser desprolijo, no por ser derrochón, ni otras yerbas, antes se ganaba mucho en la cancha, pero a la hora de cobrar, daba para vivir.
Tuvo la oportunidad enorme cuando un dirigente de Brasil entró con medio millón de dólares al vestuario para llevarlo, pero Nacional pidió el doble, él estaba cómodo en el club que su padre le enseñó amar desde la cuna.
Hay cosas que lógicamente no pondré acá, pero que Nacional debería considerar seriamente en el trato con estos muchachos que nos llenaron de gloria y alegrías.
Nos dimos un gran abrazo, creo que fue mutuo el sentimiento, para mi agradecerle por ser parte de mi vida que está ligada al fútbol, él sintiendo que todavía quedan hinchas que lo recuerden con afecto.
Ya quedamos que nuestro próximo encuentro será en Young, con algo en la parrilla y seguir escribiendo esas historias formidables que son contadas con los que vivieron desde adentro.
Ahora comparto una nota que hice en Decano.com hace un tiempo atrás, pero que bien viene al momento.
Sergio “Pitufo” OLIVERA
Un ejemplo para vos botija.
“De a poco se formaba el equipo que ganaría la Copa Libertadores e Intercontinental (1988), antes la Supercopa se nos escapó por poco, tuve la posibilidad de hacerle goles a los cuadros brasileros (2 al Flamengo y 2 al Cruzeiro) y surge el interés firme del Flamengo ya se había hablado algo ya en el vestuario del Maracaná, después del partido revancha con el Flamengo. Los dirigentes brasileños fueron con un dinero y Nacional le pide 1 millón de dólares, los brasileños me querían, pero ni loco pagaban esa plata y yo ni loco me iba en ese momento de Nacional. El tiempo me iba a dar la razón porque con ese equipo ganaríamos la Libertadores y la Intercontinental, hice la mejor elección, entrar en la historia del mejor equipo del mundo no tiene precio, el dinero va y viene pero la foto de la Libertadores esta en las vitrinas del club y yo estoy ahí eso no me lo saca nadie, pasaran los años pero en la historia quedan los ganadores. Quizás con ese dinero hoy estaría solucionada mi vida, quizás abre un mundo de preguntas, era el mejor momento para irme y si con toda esa plata te imaginas no andaría en la motito vieja que me regalo mi amigo Mario por recomendarle un jugador, buscando la diaria en el almacén que tengo en mi casa, luchándola día a día en silencio , porque lamentablemente hoy el que no te conoce y le dicen “este jugó en Nacional y salió Campeón del Mundo” y te ve en una moto destartalada dice “¡que va a jugar! y ¿qué hizo con la plata? ¿Qué hace acá en Salto? Y si, si ven a Cavani en terrible auto, ven por la tele a los jugadores de todo el mundo llegar en autos lujosos, la plata que se maneja, hoy en día metes dos partidos buenos y vales millones, pero solucionan la vida y en un mundo consumista como el que vivimos hoy eso manda y sí que te vas a calentar hoy se preparan para ganar plata los títulos los dejan de lado”.
“No tengo dinero no tengo jubilación, la peleo en la diaria, sigo en el futbol trabajando con juveniles, quizás para muchos incrédulos pase desapercibido o la más fácil que te vean y digan “en donde jugó este?. ¡Mirá como anda!” Lo bueno que encontré un montón de amigos del futbol y una cantidad de hinchas de Nacional que te lo hacen saber que fuiste importante para ellos, que por un momento le diste la alegría de gritar un gol de festejar un título, el hincha te reconoce y eso no tiene comparación, que por lo menos lo poco que hice está en el recuerdo de esa hinchada gloriosa, por eso digo pasaran los años pero mi nombre está escrito a fuego en la historia de Nacional , si no tengo nada pero estoy tranquilo que por Nacional lo di todo y puedo decir con el máximo orgullo yo estuve ahí…me emocioné, no sé porque arranque para este lado, quería comentarlo “.